¿Dolor o sufrimiento? Psicología del dolor

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¿Dolor o sufrimiento? Psicología del dolor

El dolor se define como una experiencia sensorial y emocional desagradable. Esta definición ya contempla la relación indisociable entre el componente físico y afectivo: el dolor es intrínsecamente desagradable, y por eso tiene una grandísima capacidad para atraer la atención y movilizar todos los recursos de defensa para que la zona herida se recupere.

Dependiendo de su origen, el dolor tiene rostros diferentes: agudo, si responde de forma directa a un daño físico (dolor de garganta…), crónico, provocado por un daño mantenido en el tiempo (cáncer…) o sin causa específica clara (síndrome del dolor crónico) y dolor neuropático, con origen en el sistema nervioso.

La experiencia del dolor

Descartes explicaba el dolor como una consecuencia directa del daño corporal, como un impulso que llega al cerebro desde una lesión en el cuerpo. Presuponía que la intensidad del dolor debía ser proporcional al daño y que distintas personas con el mismo daño debían experimentar el mismo dolor.

Sin embargo, esa no es la realidad; la experiencia de dolor es subjetiva y distintas personas lo perciben de forma diferente. Y es que antes de que la sensación de dolor se haga consciente, nuestro cerebro la interpreta: la información que proviene del cuerpo se combina con los pensamientos y emociones que pasan por la mente y que tienen un profundo efecto en la percepción final del dolor, en su intensidad.

Dolor y sufrimiento: las dimensiones del dolor

Así, la percepción del dolor depende de la interacción de tres sistemas, cada una con sus elementos:

1- El sistema sensorial del dolor, que informa sobre la intensidad, la extensión, la localización, la duración y la calidad (presión, calor, frío, etc.) de las sensaciones. Es un sistema de alerta con capacidad para atrapar toda la atención hacia las sensaciones y que, de forma automática, provoca reflejos de defensa o huida.

2-El sistema afectivo proporciona la evaluación de la sensación como desagradable y refuerza la motivación de actuar para evitarla (cambiar de postura, tomar un calmante.)

3- El sistema cognitivo, que es la interpretación que la mente hace de las sensaciones desagradables, en base a nuestra situación presente, pero también en base de la experiencia del pasado y a las proyecciones futuras (deseos, expectativas, temores etc.).

Estos tres sistemas constituyen las dos dimensiones del dolor:

Dolor primario: compuesto de las sensaciones corporales desagradables, los dos primeros sistemas, y dolor secundario: las interpretaciones, pensamientos, recuerdos y proyecciones sobre el dolor primario. Este tercer sistema provoca sentimientos asociados a las implicaciones futuras o pasadas: miedo, ansiedad, tristeza, desesperación…

La experiencia final de dolor proviene de interacción de ambas dimensiones, que se influyen mutuamente en la percepción subjetiva.

¿Qué podemos hacer?

1) Distinguir las dimensiones del dolor

Si aprendemos a reconocer y distinguir las dimensiones del dolor podremos aliviar nuestra experiencia ya que si bien el dolor primario no lo podemos evitar, el secundario está bajo nuestro control. Muchas veces el dolor que sentimos viene de la mente, de pensar en el dolor, de analizarlo, de crear una narrativa sobre su origen y consecuencias.

2) Atender al cuerpo y sus señales

Si conectamos con el cuerpo, escuchamos sus señales y nos hacemos más sensibles a los primeros signos de dolor, podemos atenderlo de forma más eficiente, dándole lo que necesite, nutrición, descanso… y evitando una escalada en intensidad.

3) Observar nuestros pensamientos

Si somos conscientes de nuestros pensamientos, podemos notar cuándo empezamos a adentrarnos en análisis y narraciones (¿por qué me duele, qué pasará si no mejora…), que nos conducen al dolor secundario y a una espiral de sufrimiento que solo aumentará el miedo y la ansiedad.

4) Permanecer en el presente y descubrir lo agradable

Si practicamos volver al presente (a la respiración, a las sensaciones corporales…) para poner fin a la espiral de pensamientos negativos podemos concentrar la atención en lo que no duele y quizá descubrir las experiencias agradables que muchas veces están ocultas detrás del sufrimiento.

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